La Verdad Molesta
Escribe Aldo Ares
E.mail.: aldoares@hotmail.com
LA DERROTA DE LOS PASOS EQUIVOCADOS
Y LAS AUSENCIAS QUE VUELVEN
Cuando a principios de marzo me tocó vivir en primera persona la manifestación del campo frente a un gobierno totalitario no tuve dudas. “Esto es un grave error del gobierno monárquico que soportamos, que desconoce la realidad actual del campo argentino” –pensé- “Me gustaría equivocarme, pero esto va para largo, a juzgar por la irracionalidad y miopía no negociadora de “las autoridades” que nos toca aguantar” –repensé-.
Como al final no hay más verdad que la realidad, la derrota era cuestión de tiempo, aunque lejos estuve de imaginar que fueran los cuatro interminables meses de angustia que nos regaló “la parejita” de gobernantes, sus funcionarios “lameculos” y los “vendidos legisladores apátridas” de turno, a los que la Constitución no es capaz de encarcelar.
Y esa realidad demostraba, cada día, el error. Porque los que se manifestaban a cientos de miles en las carreteras no eran ese denostado 5 % de ricos muy ricos que se atribuye como la oligarquía nacional. El campo del siglo XXI no tiene nada que ver con el de los terratenientes de principios del siglo XX que enfrentó Irigoyen o el primer Perón, aquellos que ordenaban golpes de Estado para conservar sus privilegios y pagaban sueldos de hambre a sus peones.
Los manifestantes eran miles de pequeños inquilinos de campo, chacareros de 200 hectáreas de media, y algunos ni eso, pequeños tamberos, empleados de campo y de pueblo, y sobre todo un grueso popular de un interior enorme que come gracias a la bonanza de cosechas y ganado. A ellos se les sumó una mayoría popular urbana descontenta con la prepotente dictadura gubernamental.
Patrones de estancia de los de antes, de los que mandaban desde Europa, y se llevaban la vaca en el barco para tomar leche fresca, esos, afortunadamente, quedan pocos.
Hoy el hombre de campo tiene que ser un profesional que sabe lo que se ara, lo que se siembra y lo que se engorda. Y para eso hay que estar al pie del tajo a la madrugada, no durmiendo la siesta en Buenos Aires o en París.
DE REBOTE
De lo que me alegré inmensamente cuando surgió el conflicto fue del rebote. Detrás de la pulseada, de la polvareda que se levantó, enseguida me asaltó la idea de las viejas aspiraciones federales de los que somos del interior.
Los de tierra adentro sabemos de las injusticias, postergaciones y desigualdad de oportunidades, de estudio y trabajo, que padecemos. Del expolio centrista que nos priva de una vida digna al circular por carreteras destartaladas, que son una trampa para la muerte prematura, lejos de hospitales que nos arrancan la vida de familiares por no llegar a tiempo, y universidades que den conocimientos a todos los argentinos, con independencia de su origen y lugar de nacimiento.
Pero mucho me apenaría que esta pulseada que ganó el pueblo y la democracia secuestrada, se perdiera por el camino sin rédito alguno para las aspiraciones de un interior que reclama igualdad y equidad con los grandes centros urbanos.
LAS AUSENCIAS QUE VUELVEN
Lo increíble fue que la noche de San Cobos parecía que ya nos habíamos olvidado de las retenciones, como si eso no fuera lo más importante. El alivio mayor de la población fue tumbar los “humos” y el poder omnipotente de un Kirchner que se pasa la República y la Constitución por el arco de triunfo particular.
Fue la noche de la derrota de un poder equivocado, la derrota de los pasos torcidos y “retorcidos” de un “mandatario” que no soportó la soledad de las sombras y forzó la vuelta a escena y con ella su suicidio político. Su corte de adulones y patoteros le hizo pisar el palito.
Esos ignorantes e irracionales funcionarios, que sin ser legal, piden la cabeza del Presidente del Senado, como si Argentina fuera Irak, por haber ejercido su función de decidir con su voto de calidad, confirman la regla.
La derrota del modelo K sirve, a su vez, para recordarle a Cristina que se equivocó cuando asumió y aceptó la herencia de su cónyuge, de gente quemada y equivocada, y no tuvo valentía para construir un nuevo gabinete de cambio como prometió. (“El cambió recién empieza” –profetizó- y se quedó en palabras vacías de contenido, como casi todo lo que inventa el modelo K). Es el precio de una sucesión, de un error, de una manipulación de la democracia.
Lo peor, como siempre, lo paga el país con un tiempo perdido inútilmente. Sacamos, como utilidad, que el conflicto del campo nos devolvió al principio y puso las cosas en su sitio.
Cuando lo normal, en un país democrático, sería la renuncia “irrevocable” de todo su gabinete y comenzar de cero, resulta que sale a relucir la venganza del modelo derrotado al más puro estilo Al Capone.
“La traición se paga” –dijo el pichón del odio, Máximo, un imberbe K que no vuela porque no come alpiste pero se alimenta de la misma sangre depredadora-. De no ser porque el pueblo se le echaría encima, el mismísimo Néstor lo hubiera pedido a los gritos, sin necesidad de mandar a su cachorro al frente.
Hay que poner en la calle, hay que echar a todos los funcionarios del “concertado” Cobos por traidor (a pesar de que le ayudó a Cristina a alzarse con la Presidencia del país en diciembre pasado). Es la orden, la hora de las represalias implacables de los perdedores, señal lamentable y barriobajera de los que “mandan” (gobernar es otra cosa) y no entienden de democracia y reglas del juego. Es la guinda de un gobierno intolerante, una purga “estalinista” al más puro estilo soviético, con mucho olor a cadáver.
HÉROE Y VILLANO
Cobos, convertido en héroe para el pueblo y en villano para el gobierno se queda, y eso duele, porque legalmente no lo pueden echar. Por eso la razia K afecta, se ensaña con todos los nombramientos afines al vicepresidente.
Resulta más que evidente y cansino, ¡humillante!, para la democracia, soportar por más minutos a los Fernández, los De Vido, los Moreno, los Jaime, los D’ Elía, etc., protagonistas deplorables de un circo incendiado.
Por fin Alberto F le ahorró el trabajo a los K. Se adelantó con un portazo y los agarró con el pie cambiado, y eso también levantó urticaria al poder político decadente de la Rosada, un poder extravagante, cada día más alejado del pueblo.
Solo sonríe el otro clan quemado, el “planificador” De Vido, que de momento se queda, y festeja su triunfo interno, aunque las flores de su cementerio lloran con el movimiento del viento de la derrota kirchnerista.
Los métodos de confrontación y de manifestaciones callejeras durante semanas y meses, le granjearon una derrota aplastante a los kirchner. La gente está cansada y harta de tanta paranoia, solo les apoya un 16 % de sumisos a una cartera que ya no tiene.
El espectáculo, el escándalo, el bochorno de la compra de voluntades de políticos que desfilaron por la Presidencia estos días, daría, en cualquier país democrático, para una censura política aplastante que acabaría con el gobierno que osara esas prácticas mafiosas y antidemocráticas. Pero en Argentina todo vale y todo se permite, es lo que nos impide escapar del subdesarrollo.
Siento verdadera repugnancia ante la aceptación pasiva de nuestra sociedad y de la oposición, de semejante bajeza pública, por parte del poder que lo practica y de los políticos que se dejan sobornar su conciencia.
Los argentinos no desean esta clase de políticos, lo confirman todas las encuestas. Hasta las bravas peleas con el FMI de otrora han perdido credibilidad por su inutilidad, porque la deuda sigue más gorda que entonces y ahora le pagamos más intereses a Chávez. La credibilidad de Argentina en el concierto internacional es nula, hoy por hoy. El vaciamiento económico continúa.
La tensión para desestabilizar, la confrontación despiadada, el fascismo, el autoritarismo, la soberbia del poder unipersonal, es una enfermedad del pasado. Son las ausencias que vuelven en nuestra patria descuartizada.
Muy cerca estuvieron estas costumbres, impulsadas desde la cumbre del poder, de montar una carnicería entre argentinos estos días. Pero aquí la sociedad templó y dijo “basta” de sangre. El mensaje ha sido nítido para la pareja presidencial, aunque no creo que hayan aprendido nada.
Los argentinos queremos vivir unidos, queremos ayudarnos, no matarnos entre hermanos. No queremos patoteros que se imponen por la fuerza, ni piqueteros que dividen, ni extremistas K que fabrican enemigos. No queremos más clientelismo ni demagogia en la política, que compra el voto de los pobres y luego construyen trenes balas que nunca podrán usar. No queremos más fraude, ya cumplimos con demasiadas generaciones frustradas y se nos reventó el corazón de vergüenza ajena y propia.
¿Se acuerdan? Del hijito del político que le preguntó al padre -¿Papá, vos sos ladrón? Y, apabullado, se marchó del país.
Queremos que nos gobiernen no que nos manden. Queremos diálogo, consenso y pactos de Estado: sinónimo de progreso. No queremos más imposiciones donde unos ganan y otros pierden. Queremos una democracia verdadera, civilizada y moderna.
La estrategia militar, del odio Kirchnerista, gracias a la sabiduría popular, ha fracasado. Los gorilas ya solo son fantasmas, como las telarañas de la cultura del miedo. La oligarquía actual argentina, el capitalismo de amigos que no paga retenciones ni redistribuye riqueza, está en los pasillos de la Rosada, no en el campo como pretendió utilizarnos.
Ganó el país, en los penales. Pero no olviden, Kirchner ha perdido la guerra, y la perdió en la calle. Es muy malo como gobernante, es incapaz de “ver” la realidad por razones obvias, está muy débil, pero no ha muerto. El drama continúa. Las ausencias son como aves carroñeras que nos flagelan hasta la eternidad.
La Verdad Molesta
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1 comentarios:
Saludos desde Venezuela, me extraña que este blog no haya recibido el premio blog acido, saludos de nuevo.
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