
Cuba va a ser libre



Junto a otros niños, Aiza parada en medio del agua saturada de mercurio, excava con una pala el barro o se inclina sobre una batea buscando pequeñas pepitas de oro. Ella gana 20 pesos o medio dólar por un fragmento de oro del tamaño de un grano de arroz. The morality which emerges from the observation of the whole animal kingdom may be summed up in the words: Do to others what you would have them do to you in the same circumstances.
And it adds: Take note that this is merely a piece of advice; but this advice is the fruit of the long experience of animals in society. And among the great mass of social animals, man included, it has become habitual to act on this principle. Indeed without this no society could exist, no race could have vanquished the natural obstacles against which it must struggle.
[...]
Without this solidarity of the individual with the species, the animal kingdom would never have developed or reached its present perfection. The most advanced being upon the earth would still be one of those tiny specks swimming in the water and scarcely perceptible under a microscope. Would even this exist? For are not the earliest aggregations of cellules themselves an instance of association in the struggle?1
El hombre tiene ciertamente para con sus semejantes muchos otros deberes morales; así, tiene que alimentar a los hambrientos, vestir a los desnudos, cobijar a los que no tienen techo, cuidar a los enfermos, proteger a los indefensos, ayudar a los débiles, enseñar a los ignorantes. Pero estos deberes son simples deberes morales, y con relación a ellos cada hombre es el único juez capaz de decidir por sí mismo, en cada caso particular, cómo y hasta que punto podrá o querrá cumplirlos.2


Por Facundo García
Iba a ser una tarde de reacciones inesperadas, aunque nada lo presagiara cuando Jo Oliver, la directora general de Asuntos Jurídicos de la industria discográfica a nivel mundial, comenzó a exponer los planes que hay para controlar a quienes ofrecen y se bajan música por Internet. La acompañaban los abogados Juan Luis Marturet, que es responsable de esa área en la región latinoamericana, y Pablo Máspero, representante de la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (Capif). Al fondo de la sala –pero eso recién se supo hacia el final del encuentro– una parte del público se preparaba para hacer oír la otra campana. Fue el sábado, durante una de las conferencias de la Feria de la Música de Buenos Aires (Bafim).
Se refería al acuerdo rubricado entre el gobierno francés, los sectores de la industria musical y cinematográfica y los proveedores de acceso a la red en noviembre pasado, mediante el cual se trata de que los proveedores revisen las descargas, envíen advertencias y eventualmente corten el servicio de los internautas “indeseables”. Más allá del entusiasmo que todo esto pueda haber despertado en Carla Bruni, la verdad es que Francia no representa un paradigma precisamente racional en lo que respecta a la propiedad intelectual. Según informaba Le Monde en su edición del 9 de abril de 2005, el director de cine Jean-Christophe Soulageon recibió una carta documento en la que se lo instaba a abonar mil euros porque en una de sus películas aparecía un actor silbando durante siete segundos una canción protegida: ¡La Internacional! Más cerca en el tiempo, la normativa impulsada por Sarkozy ha sido criticada por varias asociaciones de defensa al consumidor, que no han dudado en calificarla como “represiva” y “anticonstitucional”.
El venezolano Juan Luis Marturet está a cargo del conflicto a nivel latinoamericano. Para él “las personas nunca antes escucharon tanta música, y nunca estuvieron menos dispuestas a pagar por ella”. “Ya tenemos un par de generaciones de jóvenes que no han entrado a una tienda de discos. El año pasado se bajaron ilegalmente cuatro mil millones de archivos musicales de la región”, se quejó el letrado. Y después soltó apreciaciones más controversiales, como cuando consideró que “o la Internet sigue siendo ‘neutral’, como llaman con elegancia a esta selva, o vamos a poner dos o tres reglas y ver cómo respetamos los derechos de autor”. “Esa encrucijada –redondeó– sólo puede resolverse bajo el liderazgo del gobierno.”
Hasta ahí todo había transcurrido como en cualquier reunión de oficina. En la ronda de preguntas, empero, se alzó desde atrás una bandera con la leyenda “Compartir es bueno”. “Sí, compartir es bueno cuando compartís lo tuyo, si no es robar”, se alteró Pablo Máspero, el hombre de Capif. Entre los asientos ya circulaban volantes donde se leía que “no son los creadores los que reclaman por sus derechos, sino que son los intermediarios renuentes a aceptar que su modelo de negocios ha sido arrasado por los avances tecnológicos”. El clima se enrareció.
Tras algunas escaramuzas verbales contra un grupo de asistentes, la propia Oliver salió al cruce al afirmar que “hay coincidencia internacional en concretar estas medidas, porque se reconoce que los proveedores han estado ganando dinero mientras muchas compañías del entretenimiento perdían”. “Paralelamente –se extendió, sin perder la sonrisa–, hay un derecho fundamental que debe ser garantizado, que es el derecho a la propiedad.” La discusión siguió entre murmullos y una que otra “invitación a retirarse” que empezaban a soltar ciertos organizadores. Y qué chance mejor para seguir metiendo púa que un debate con los que fabrican discos.
La última frase del panel vino de Máspero, el destacado jurista que en febrero pasado aseguró a la revista Rolling Stone que, si quisiera, Capif podría llevar sus denuncias al plano penal, con una condena de entre seis meses y seis años de cárcel para los “infractores”.
En esta oportunidad no estuvo menos comunicativo:
“Si el debate es compartir, pongamos en debate la distribución de todos los medios de producción. Caso contrario, estamos siendo hipócritas”. Ante esa conclusión, digna del marxismo más ortodoxo, no habría sorprendido que el experto terminara él también interpretando “La Internacional”. No lo hizo, acaso por temor a que le cobraran una multa.
HOY ME QUEJO...
Ley 24.779. Ley de Adopción (Febrero, 1997)
LUCHAS ETERNAS DE PADRES QUE DESEAN ADOPTAR
400.000 FIRMAS???????
La propiedad privada existe por la gracia del Derecho. El Derecho es su única garantía, porque poseer un objeto no es ser necesariamente su propietario; lo que Yo poseo no se convierte en mi propiedad más que por la sanción del Derecho; y ésta no es un hecho (un fait), como piensa Proudhon, sino una fi cción, una idea. Una idea, he ahí lo que es la propiedad que engendra el Derecho, la propiedad legítima, garantizada. Es el Derecho y no Yo lo que hace de lo que poseo mi propiedad.
No obstante, se designa bajo el nombre de propiedad al poder ilimitado que Yo tengo sobre las cosas (objetos, animales u hombres) de las que puedo usar y abusar a mi agrado; el Derecho romano define la propiedad jus utendi et abutendi re sua, quatenus juris ratio patitur, un derecho exclusivo e ilimitado. Pero la propiedad tiene por condición el poder, lo que está en mi poder es mío. En tanto que mantengo mi situación de poseedor de un objeto, sigo siendo su propietario; no lo seré si se me escapa, sea cualquiera la fuerza que me lo arrebate (el hecho, por ejemplo, de que Yo reconozca que otro tiene derecho a él). Propiedad y posesión vienen, pues, a ser lo mismo. No es un derecho exterior a mi poder el que me hace legítimo propietario, sino mi poder mismo y sólo él; si lo pierdo, el objeto se me escapa. Desde el día en que los romanos perdieron la fuerza de oponerse a los germanos, Roma, y los despojos del mundo que diez siglos de omnipotencia habían acumulado dentro de sus murallas, pertenecieron a los vencedores, y hubiera sido ridículo pretender que los romanos permanecieran siendo, no obstante, sus legítimos propietarios. Toda cosa es la propiedad de quien sabe tomarla y guardarla para sí, y quedará siendo de él, mientras que no le sea arrebatada; así, la libertad pertenece al que la toma.
El poder decide la propiedad; y el Estado (ya sea el Estado de los burgueses, de los indigentes, o lisa y llanamente, el de los hombres), siendo el único poderoso, es también el único propietario; Yo, el Único, no tengo nada; no soy más que un colono en las tierras del Estado, soy un vasallo, y por consiguiente un siervo. Bajo la dominación del Estado, ninguna propiedad es Mía.1
Las políticas y tratados comerciales en América Latina (AL) desfavorecen la inserción laboral de las mujeres en el sector exportador, y quienes logran participar en él, tienen menor acceso a la protección social.



Hubo mala fe en los funcionarios coloniales que creyeron hacer creer al rey erróneamente que las encomiendas eran una institución bienhechora para los indios. Pues ¿cómo unos colonos inmorales y embrutecidos habrían de ejercer entre los indios el ministerio de los apóstoles? ¿Es qué bastaba con inculcar a los naturales el Ave María y Pater Noster y Credo mostrados en latín, como quien enseña a urracas y a papagayos?1
Llegado el domingo y la hora de predicar, subió al púlpito, el susodicho fray Antonio de Montesinos, y tomó por tema y fundamento de su sermón, que ya llevaba escrito y firmado de los demás (de sus hermanos de orden): "Ego vox clamanti in deserto". Hecha su introducción y dicho algo de lo que tocaba a la materia del tiempo de adviento, comenzó a encarecer la esterilidad del desierto de las conciencias de los españoles de esta Isla y la ceguedad en que vivían; en cuanto peligro de condenación se hallaban, no advirtiendo los pecados gravísimos en que con tanta insensibilidad estaban continuamente zambullidos y en ellos morían. Luego tornó sobre su tema diciendo así: "Me he subido aquí para deciros, para hablaros, yo que soy la voz de Cristo en el desierto de esta Isla, y por tanto, conviene que con atención, no cualquiera, sino con todo vuestro corazón y con todos vuestros sentidos, la oigáis; la cual será la más nueva que nunca oistéis, la más aspera y dura y más espantable y peligrosa que jamás pensastéis oir. Esta voz, dijo él,que todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas pobres gentes. Decid ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios?, ¿con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas (de estas gentes), con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan oprimidos y fatigados, sin darles de comer, ni curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais, se os mueren, y por mejor decir, los matáis por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y que cuidado teneis de quien los adoctrine y conozcan a su Dios y Creador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos?
¿Éstos no son hombres? ¿No tienen almas racionales? ¿No estáis obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Éstos no sienten? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto que en el estado en que estáis no os podéis salvar más que los moros o turcos que carecen ono quieren la fe de Jesucristo.2
Las Leyes Nuevas, auque buenas de suyo, de ningún modo podían ponerse en vigo en México, pues su aplicación significaría la ruina de todo el país, de ls indios y hasta de la fe cristiana, pues la perpetuidad de la fe y religión cristiana de los naturales de esta tierra dependen de la perpetuidad de los españoles en ella... Y de esta causa se derivacomo en la tierra no puede haber perpetuidad sin haber hombres ricoshs haber hombres encomendados... Así los que tuviesen encomiendas como "heredad" ya por su interés tratarán bien a los indios. En cambio, si a los indios se les daba la libertad, no se hacía otra cosa que abandonarlos a las arbitrariedades y extorsiones de los corregidores que, como todos saben, no pretenden otra cosa sino su salario y cobrar el tributo...3
Las mujeres, fatigadas de los trabajos, han huido el concebir y el parir; porque siendo preñadas o paridas, no tuviesen trabajo sobre trabajo; es tanto que muchas, estando preñadas, han tomado cosas para mover y han movido a las criaturas, y otras después de paridas, con sus manos han muerto a sus propios hijos, para no poder ni dejar bajo de una tan dura servidumbre; y por no dar pena a Vuestra Alteza, lo digo aún, que yo no leo ni hallo que nación ninguna, ni aún de inieles, tantos males y crueldades hicieron contra sus enemigos, por el estilo y manera que los cristianos han hecho sobre estas pobres (tristes) gentes que han sido sus amigos y ayudadores en su propia tierra; que entre todos los dichos y muchos otros que podría (contar), han destruido y desterrado de estas pobres gentes la natural inclinación a procrearse, los cuales ni engendran ni se multiplican, ni pueden engendrar ni multiplicar, ni hay de ellos posteridad que es cosa de gran dolor.4